Hoy es mi cumpleaños y como dice mi amiga Gema “¿qué es un cumpleaños sin regalo?”. Pero en esta ocasión soy yo la que quiero hacerte un regalo a ti:

“Compartir contigo mi idea de negocio, el CO-“

El CO-, que está muy en boca: compartir, colaborar, cooperar, confianza, coespacio, cocrear, coaprendizaje….

¿Por qué esa obsesión actual con el prefijo ‘Co’ (del griego, “con”)?

Porque lo teníamos muy olvidado.

Y no será porque no existan decenas de palabras que todos usamos todos los días en nuestros lenguajes: coordinar, cooperar, contribuir, consultar, conectar, comunicar, colectivo, colaboración, etc…, todos ellos haciendo referencia de una manera u otra a la innata capacidad que tenemos para trabajar juntos.

Ahora, de repente, a todo le ponemos el prefijo “CO-” delante.

Ya no diseñamos, sino que “CO-diseñamos”. Tampoco creamos, sino que normalmente reconocemos la labor de los otros y “CO-creamos”. Además resucitamos sin ningún tipo de reparo algunas de las palabras a las que la sociedad industrial nos había hecho sepultar como la “cooperación”, la “confianza” y la “comunicación”.

Desafortunadamente, en las últimas décadas y con la presión impuesta por las sociedades occidentales para consumir al máximo y competir entre nosotros por ser mejores que nuestros vecinos y compañeros, nos volvimos algo individualistas.

Vale, muy individualistas.

¿No creéis?

Pero las cosas están cambiando.

La era digital, la crisis mundial y los cambios impuestos por la globalización nos han hecho cuestionar ese egocentrismo en el que se basaban nuestras sociedades, y paso a paso, hemos ido descubriendo los beneficios de hacer las cosas conjuntamente.

Hasta ahora el único CO- que se conocía en los negocios era “CO-mpetencia”. El funcionamiento que tenían las empresas era tener un producto o servicio “enlatado” y para todo el mundo igual. Hoy en día tanto los consumidores como las empresas son más exigentes, tienen más conocimiento de todo y quieren algo a “medida”.

El problema de las grandes empresas es que hoy por hoy no pueden ofrecer algo a “medida”, son rígidas y hasta que hagan girar toda su rueda y puedan cambiar su manera de funcionar tiene que pasar mucho tiempo. Por una vez en la historia las pequeñas empresas tenemos una ventaja respecto a las grandes, somos más flexibles. Podemos ofrecer servicios o productos a la carta tanto a empresas (B2B) como a consumidores (B2C).

Te estarás diciendo que por tu tipo de producto o servicio esto no va contigo, pero da igual si eres un artesano, un coach, un financiero, tecnológico….Tu puedes convertirte en “grande”.

¿Cómo?

Cooperando.

Imagina que hay un proyecto de diferentes perfiles profesionales, tú sólo no puedes formar parte de ese proyecto porque no sabes de todo y porque la estructura de tu empresa es pequeña. Podrías reunir a diferentes profesionales para cada perfil, de diferentes lugares o países y abarcar entre todos el proyecto que tú no serías capaz.

Ahora imagina lo que te enriquecería a nivel personal y de empresa el poder trabajar con diferentes personas. Cuando el proyecto termina la cooperación entre vosotros finaliza. Para próximas ocasiones no tienes porqué volver a coincidir con los mismos profesionales, depende de los requerimientos del proyecto.

Internet y las herramientas tecnológicas que tenemos a nuestra mano, son básicas para la cooperación.

En estos momentos estoy cooperando en un proyecto que quien lo lidera, Tere de Vox Ro Media, está en Sindey (Australia) , ni la diferencia horaria entre España-Australia está interfiriendo en el proyecto y lo que me está aportando es increíble a nivel personal y profesional.

Pero el “CO-” es mucho más que un prefijo.

Yo diría que el “CO-” es una filosofía, una forma de vivir.

Para que el “CO” funcione debe existir un compromiso de un grupo colectivo hacia un objetivo común, una generación de posibilidades innovadoras que resulten de un proceso de colaboración.

¿Cuáles son las reglas para que el CO- funcione?

Son dos. Y seguro que los conoces de toda la vida: la confianza y el desarrollo de relaciones.

Todos lo llevamos dentro pero incluso nuestros sistemas educativos nos han hecho olvidarlo, en lugar de ayudarnos a desarrollarlo y nutrirlo. Por eso, para que funcione, debemos concienciarnos del valor que los otros tienen en una tarea determinada y establecer unos cimentos basados en la confianza y el compañerismo entre los colaboradores.

El “CO-” actual: “¿cómo lo aplicamos a nuestra empresa?”

Un reciente estudio hecho por la empresa americana Deskmag, el mayor en el ámbito del trabajo en espacios conjuntos o “co-working”, entrevistó a 2.007 personas sobre las ventajas de esta actividad. El 71% de los encuestados afirmó que su creatividad había aumentado considerablemente desde que compartían espacio de trabajo con otros empresarios. Asimismo, el 62% afirmaba que su nivel de trabajo y productividad también habían mejorado y el 68% que les resultaba más fácil concentrarse mejor.

No cabe duda que ese espíritu de comunidad se extiende y se afianza en nuestras maneras de trabajar, pero sin una dosis de generosidad por ambas partes la colaboración no funciona.

Cada vez son más los profesionales de diversos sectores que colaboran entre ellos, moldeando sus relaciones al gusto y conveniencia de todos los participantes.

Cada vez son más los proyectos que son financiados por comunidades interesadas en el resultado o producto final.

Cada vez más son los empresarios que confían en personas externas para ayudarles en tareas tradicionalmente hechas por sus propios trabajadores, tal es el caso del trabajo que yo hago como asistente virtual.

Sé que no es fácil realizar estos cambios porque lo que más cuesta en las personas es cambiar su manera de hacer las cosas y se necesitará bastante tiempo. Yo hace 10 años que empecé a oír del CO-, y no hemos avanzado tanto, quizás el éxito venga cuando ambas partes vean el beneficio de la colaboración.

Confianza, colaboración y cooperación.

Sin el prefijo “CO-”, nuestro vocabulario pierde su riqueza, y nuestras vidas también.

Redescúbrelo hoy mismo.

 

 

 

 

 

 

 

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